Decidir con quién pasarán Navidad o Año Nuevo, adónde y por cuántos días pueden ir de vacaciones o a qué colegio deben concurrir: la Justicia de familia lidia en su día a día con padres que no logran ponerse de acuerdo en los aspectos más cotidianos de la vida de sus hijos tras la separación.
En este caso, la Cámara Civil tuvo que intervenir para resolver sobre la escuela a la que concurrirá un pequeño durante preescolar y jardín de infantes. El Tribunal de Apelaciones ordenó inscribirlo en un establecimiento de educación judía no ortodoxo, contra lo que pretendía su mamá y a favor del padre.
Los jueces explicaron que lo hicieron porque no fue posible llegar a un acuerdo, ni siquiera en una audiencia a la que los progenitores fueron convocados y los instó a “reflexionar y cambiar las posturas asumidas” en un tema “que involucra un aspecto esencial del futuro de su hijo“.
También advirtieron que ante desavenencias de los padres, lo que prima a la hora de resolver no son sus intereses sino el “interés superior del niño involucrado” por “sobre cualquier otra circunstancia que pueda presentarse en el caso”.
En base a “los nuevos paradigmas incorporados a nuestra legislación y directivas de la legislación internacional a la que ha adherido nuestro país, la persona menor de edad es un sujeto pleno de derechos y no un objeto de protección, y ello no solamente vale para el juez, sino que principalmente tiene que ser entendido por los padres: sus hijos son personas y sujetos de derechos”
“La nueva normativa que rige el cuidado personal y la responsabilidad parental en el Código Civil y Comercial de la Nación se inclina, salvo algunas excepciones, a la autonomía de la voluntad de los padres en el diseño de su vida familiar y posibilita ampliamente que acuerden, ante la ruptura de la convivencia, tanto la forma y modalidad de su ejercicio como cualquier decisión tendiente a regular el ejercicio de los contenidos de dicha responsabilidad parental”, explicaron los camaristas Carlos Dupuis, Fernando Racimo y José Luis Galmarini.
Pero si los desacuerdos son tan profundos que llegan a los estrados judiciales, “en toda actuación que se siga respecto de un menor éste se convierte automáticamente en centro y eje del proceso, desplazando su propio interés cualquier pretensión de determinar el mismo en función de conveniencias que hagan meramente al interés de terceros, sean éstos sus padres o eventuales representantes”.
Sobre el fallo puntual, destacaron que los padres “no han logrado un mínimo consenso que debe primar en este tipo de decisiones que se
refieren a la educación de su hijo, incluso a pesar de la audiencia convocada por el Tribunal en la que se intentó un acercamiento de la
partes, ante lo cual se impone la difícil tarea de suplantar la voluntad de los padres, en el interés del niño, en una cuestión tan íntima y
delicada como la mencionada precedentemente”.
“No es superfluo recalcar la dificultosa decisión que se impone si se advierte que en la cuestión ventilada y que involucra las íntimas convicciones de sus padres, el Poder Judicial se ve compelido a asumir por un imperativo legal ante el fracaso de aquellos para arribar a una voluntad común en pos del bienestar de su hijo”, agregaron los jueces.
El Tribunal ratificó un fallo de primera instancia que dispuso que se anote al niño en una escuela “judía no ortodoxa” y que se respete la alimentación kosher que llevará en su vianda.
Cada padre sugirió sus propios colegios y un listado inicial de media docena quedó reducido a dos establecimientos, uno propuesto por el padre y otro por la madre. A ambos colegios la Justicia les pidió enviar plantes de estudios y propuestas, sobre todo referidos a la vida religiosa.
Ante la documentación enviada, se eligió el establecimiento propuesto por el padre,  quien pagará el cien por ciento de la cuota y todos los gastos escolares del niño.

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