Conocí a Jorge Di Lello cuando tenía 23 años en el bar “Madrid” de la calle
Cerrito al 600. Ambos trabajábamos en el edificio que el Poder Judicial tenía en
Cerrito 550. El era fiscal federal y yo secretario de una fiscalía de instrucción.
Siempre nos cruzábamos a las 7.30 de la mañana y alrededor de las 14 en el
“Madrid” para almorzar. Un día me encaró. Me dijo vos “¿sos nyc” no? En
aquellos tiempos la grieta judicial era entre los “nacidos y criados” y los que
“venían de la calle”, porque se había sancionado el nuevo código de
procedimientos que reconfiguró la escena judicial y abrió las puertas a
personas que no eran “de carrera” En fin, otros tiempos. Decía que Di Lello me lo
preguntó y automáticamente iniciamos una relación que perduró hasta estos
días.
Tuvimos acuerdos y desacuerdos. Momentos de más cercanía que otros. En
los últimos tiempos algunas contingencias personales mías nos habían
acercado. Jorge era un argentino demasiado italiano. Explosivo, afectuoso,
terco, leal, solidario, desmesurado a veces para reaccionar, cabrón, pero con la
típica culpa italiana, preocupado por su madre (mientras vivió) y su familia
siempre.
Cada vez que él consideraba que yo metía la pata (cosa que ocurre a menudo)
me lo decía e, inexorablemente, empezaba la reprimenda advirtiendo ¡Te lo
digo porque te conozco de borrego!, levantaba la voz y bla bla bla, Pero
además de eso fue un tipo refinado, culto, amante de la política, del cine
(italiano por supuesto) y de los libros. En particular de la literatura política
argentina de los años ’60 y ’70. Siempre me reprochó no manejar con la
profundidad que el consideraba necesaria los textos de Jauretche y de
Hernández Arregui.
Jorge reivindicaba su identidad peronista, pero admiraba solo algunos de los
rostros del General Perón. Discutíamos por ello, porque yo siempre le decía
que él, además de peronista, pertenecía a esa gran familia cuyas ideas se
inscriben en esas ideas ancladas en la necesidad de crear políticamente un
piso de igualdad relativa, para que todo el mundo pueda disfrutar de los
derechos constitucionales. Esa tradición que algunos llaman republicanismo
democrático.

Podría enumerar miles de anécdotas. Desde los gritos a un importante ministro
por teléfono diciéndole “Pero entonces cerrá los tribunales y crea la dirección
nacional del sobreseimiento”, hasta su oposición ética a algunas previsiones
legales que lo llevaban a decirlo en la cara de abogados e imputados. Pero
quiero cerrar con un rasgo constante en la vida pública de Jorge. Cada vez que
algún trabajador del sistema judicial, sin que importe el cargo, sufrió alguna
injusticia siempre tuvo abiertas las puertas de la “fiscalía de Di Lello” ¿Saben
por qué? Porque Jorge siempre estuvo del lado de los más débiles y eso no te
lo quita nadie, querido amigo.

Comments

  1. Gracias.. con Jorge fuimos hermanos, huérfanos tempranos. Nos unió la vida desde adolescentes, ha sido siempre un hombre y un compañero de ley. Nos unió también la solidaridad y la mirada por el otro. La vida no va ser lo mismo sin el.
    FERNANDO

  2. Tengo el placer de conocer a Jorge y delgado, es asi querido fede como te llamo lo resumiste jorge era ese tano calenton, griton q sabia pedir perdon y estaba de los mas debiles.

  3. Un día la vida nos puso enfrente a este señor por un trabajo, no puedo explicar lo que es para nosotros Jorge o como lo llamaba yo , el viejo, porque todos eran Jorge!!! Un padre, un consejero, hoy nos sentimos huérfanos, ya no está el llamado del buen día a las 7:30 o el de la noche para saber si todo está en orden y si necesitábamos algo. Se lo extraña y cada día qué pasa se siente más su ausencia. Hasta pronto Jorge , acá seguimos cuidando de todo lo que usted amaba tanto

  4. MI ADMIRACIÓN HACIA ÉL! ESCUCHARLO UN PLACER , ERA COMO ESTAR LEYENDO UN LIBRO DE HISTORIA !
    UN GRAN JEFE , MI JEFE !
    LO VOY A EXTRAÑAR MUCHO!
    ETERNAMENTE AGRADECIDA❤🤗💋

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