Convivieron durante diez años con un nivel de vida acomodado. Cuando nació el primer hijo, la mujer dejó un trabajo bien remunerado en la empresa Techint para dedicarse a su hogar. Tras la separación, la justicia accedió al pedido de compensación a su favor, porque fue ella la que quedó en situación desventajosa, por varias razones: por ser mujer, por haberse dedicado al hogar y porque padeció serios problemas de salud.

La demanda comenzó con la petición de la señora quien reclamó una compensación económica contra su ex conviviente  por la suma de U$S 500.000.

Según surge del expediente, la convivencia con el demandado se extendió del 1° de abril de 2006 hasta el 7 de diciembre de 2016, momento en que éste se retiró de la vivienda.

La mujer trabajaba en Techint, pero, según ella, a pedido de su pareja lo dejó para para dedicarse a la familia. En abril de 2008 nació su hijo. Luego del nacimiento del niño, la señora padeció una enfermedad pulmonar por la que estuvo medicada con altas dosis de corticoides durante dos años, sufriendo por los efectos adversos de esta medicación.

En marzo de 2011 nació su segundo hijo tras un embarazo tan complicado como el de su hijo mayor, debiendo comenzar a tomar antidepresivos luego del primer trimestre de embarazo.

En 2013 fue diagnosticada de cáncer de mama y tuvo que enfrentarse a un tratamiento doloroso e invasivo (intervenciones quirúrgicas, quimioterapia y radioterapia). A partir de esos momentos su cuadro depresivo se fue incrementando.

El elevado nivel económico de la familia fue sostenido por el demandado, fruto de su actividad como CEO de una empresa. El último domicilio de convivencia fue un departamento de 265 metros cuadrados valuado en un millón de dólares. Tenían varios vehículos, entre ellos una  camioneta Mercedes Benz que manejaba el marido.

El reclamo

La mujer fundó su pedido de compensación en el “menoscabo económico que ha sufrido por no haber podido desarrollar una actividad remunerada mientras se dedicaba al hogar y a sus hijos, circunstancia agravada por su delicado estado de salud”.

Enfatizó que “al momento del cese de la convivencia el demandado continuó con su expansión económica, mientras que ella no tiene trabajo y presenta grandes dificultades para conseguir un sustento económico al haber dejado de lado su carrera para dedicarse a su familia y dadas las secuelas de las enfermedades que ha padecido”.

Por su parte, el demandado aseguró que su mujer renunció a su trabajo de manera totalmente unilateral, luego de que le habían ofrecido transferirse al sector de Recursos Humanos de la empresa, prefiriendo negociar su retiro y dejar su actividad.

Alegó además que ella destinaba mucho tiempo para sí misma, dedicando poco al cuidado de los niños, siendo que contaba con la plena colaboración de su parte y de dos empleadas domésticas. Recalcó que no hay desequilibrio entre la situación de un ex conviviente y el otro.

La decisión

La jueza nacional en lo civil María Victoria Famá tomó en cuenta que la mujer,  siendo una persona formada y capacitada dejó su trabajo tras el nacimiento de su primer hijo. Las razones que motivaron el retiro no son pertinentes.

“Es irrelevante aquí si la decisión fue impuesta por la familia del demandado, consensuada por los convivientes o independente de la actora. Lo cierto es que fue aceptada por ambos convivientes, quienes sostuvieron un proyecto familiar sobre la base de una división de roles tradicional por la cual el hombre generaba los principales ingresos que le permitieron a la familia vivir holgadamente y la mujer asumía un rol esencialmente doméstico, que no deja de ser tal por contar con empleadas que la asistan en las tareas”.

“Este rol doméstico no es siempre sinónimo de tareas de limpieza o cocina; por el contrario, tiene un sentido más amplio que en las familias acomodadas se vincula con la dirección del hogar y el cuidado principal de los hijos”, explicó la magistrada.

Una circunstancia que tomó en cuenta la jueza es la “posición desventajosa y vulnerable  consecuencia de sus antecedentes de salud tanto física como mental”.

“En este contexto, la posibilidad de reinserción laboral de la actora resulta dificultosa, máxime teniendo en consideración que la Sra. F. tiene en la actualidad 48 años y ha estado inactiva laboralmente durante largo tiempo”.

Mujeres y desigualdad de acceso al mercado laboral

“Y, además, es mujer, por lo que su proyección laboral frente al escenario descripto es más problemática, de modo que su situación debe ser analizada con una obligada perspectiva de género”, concluyó la jueza en el fallo al analizar el caso concreto.

La jueza advirtió que “no puede desconocerse que si bien la inserción de las mujeres en el mercado laboral ha crecido exponencialmente en las últimas décadas, en comparación con los varones las mujeres tienen más probabilidades de encontrarse y permanecer en situaciones de desempleo, tienen menos oportunidad de participar en las fuerzas de trabajo y, cuando lo hacen, muchas veces se ven obligadas a aceptar empleos de peor calidad y menor carga horaria.

“Esta desigualdad de acceso al mercado laboral en desmedro de las mujeres se acentúa cuando – como en el caso- la mujer ha estado fuera de este mercado durante años al asumir un rol esencialmente doméstico, por lo que pese a su formación profesional ha perdido experiencia laboral y no ha podido continuar con su capacitación. A esto se suma la edad de la actora, pues es sabido que para las mujeres de mediana edad -aún de clase media/alta y profesionales- la reinserción laboral es particularmente dificultosa”.

Finalmente, a la hora de establecer el monto de la compensación, la jueza lo fijó en la suma de $15.000.000, “la que podrá ser abonada en cincuenta (50) cuotas iguales mensuales y consecutivas de $300.000 cada una. En caso de optarse por esta última modalidad de pago, cada cuota se actualizará conforme el índice de precios del consumidor que publica el INDEC”.

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